martes, 16 de septiembre de 2008

341 - SI DICES QUE LOS HOMBRES ...

SI DICES QUE LOS HOMBRES (341)

Si dices que los hombres somos todos
hermanos, por el hecho de ser hijos
-como Cristo y con El- del mismo Padre,
que eres Tú, Gran Señor del Universo,
entonces no te ofendas si pregunto
sobre aquello que el alma me acongoja:

¿Por qué hiciste a mi hermano así de negro?
¿Por qué, además de negro, dispusiste
que naciera en naciones donde el hambre
habría de turbarle la existencia
desde el día primero de su vida,
hasta el día postrero de su muerte?

Yo no pido que a todos nos hicieras
fotocopias los unos de los otros;
pero puesto que así lo dispusiste
y toleras que tus distintos hijos
ostenten colorido tan diverso
-blanco, negro, amarillo, aceitunado-,
lo que sí me resulta incomprensible
es que yo tenga pan todos los días,
en tanto que mi hermano se me muere
de hambre, como un perro pordiosero,
sin haber cometido otro pecado
que nacer en Sudán o en Etiopía,
en Malí, o en cualquiera de los sitios
donde el hambre es endémico castigo.

Tú dime qué delito cometieron
para ser castigados, e igualmente
explícame, Señor, si ello es posible,
por qué vine a este mundo en este pueblo
y la luz vi en la casa donde tengo
ese pan que pedimos a los cielos,
y que el cielo parece concederlo
solamente a unos cuantos elegidos,
en tanto que a otros muchos los olvida
y deja que famélicos se agoten
en medio de la hambruna y de la guerra.

Perdóname, Señor, no lo comprendo;
si es cierto que los hombre somos todos
tus hijos, -oh, Señor del Universo-,
bien pudiste tratarnos de igual modo
haciéndonos nacer en igual cuna,
pues no es bueno que el Padre diferencie
a un hijo de otro hijo, todos ellos
habidos de su amor y su ternura.

Si no fuera blasfemia, pensaría
que en ciertas ocasiones no mereces
que pensemos en Ti cual Padre Nuestro.

Perdóname, Señor; no me hagas caso;
no sé si es la tensión, -baja en exceso-;
hoy estoy deprimido y sólo veo
lo más negro y más feo de la vida;
hoy me he puesto las gafas más oscuras
y no puedo gozar de la belleza
que otros días admiro en torno mío,
belleza que ha surgido de tus manos
y que hoy no alcanzo a ver, aunque lo intente.

José María Hercilla Trilla
Barco de Avila, 2 Agosto 1998

(De mi Libro: "Fides")

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