miércoles, 9 de septiembre de 2009

593 - CON LOS OJOS CERRADOS




Con los ojos cerrados (593)


Cuando vayas a orar, cierra los ojos,
no esperes que tu Dios se te aparezca
y se haga visible, en justo pago
a ese amor que sin duda le profesas.

Cuando vayas a orar no te es preciso
dirigir hacia el frente tu mirada,
con los ojos abiertos por completo;
mas bien, cierra los ojos, como en signo
de evidente humildad, de confianza,
de mudo acatamiento a sus designios,
y dile todo aquello que te brota
del fondo de tu alma, tal y como
lo podrías decir a un buen amigo,
ese amigo que todos poseemos,
al cual nuestros secretos confiamos
mientras damos los dos largo paseo,
en un atardecer propicio a ello.

Con los ojos cerrados por completo
mejor concentrarás tus pensamientos
y podrás musitar tus oraciones,
sin que nada interrumpa ese coloquio
que con Dios se establece cuando el hombre
le reza con la fe del carbonero
a ese Ser superior en el que cree,
a ese Dios al que acude con sus cuitas,
confiado en su misericordia.
A sus pies póstrate humildemente
y, cerrados tus ojos por completo,
eleva tu oración emocionada,
sin mirar cosa alguna de tu entorno,
sin tampoco atender voces extrañas,
a solas con tu Dios, en mano a mano,
en místico coloquio silencioso,
sin que nada ni nadie se permita
turbar la conexión establecida
entre un hombre que reza conmovido
y su Dios, que lo atiende bondadoso,
dispuesto a atenderle en su congoja.

A Dios no se le ve, vemos sus obras
y bastante son ellas a probarnos,
no solo su existencia indubitada,
su infinita y cabal sabiduría,
mas también su poder omnipotente,
capaces de crear un universo,
y dotarlo de leyes naturales
que rigen su girar en el espacio.

No pretendas que Dios se te aparezca;
si ya viste sus obras, te es bastante,
ya sabes que está ahí, siempre presente,
atento al movimiento de los astros,
como atento también a tus palabras,
tendiéndote la mano que le pides
postrado ante sus plantas, sin mirarle,
con tus ojos cerrados, en un signo
de humilde acatamiento y confianza.

Cuando vayas a orar, cierra los ojos;
está en tu corazón, está contigo,
seguro que esperando que le digas
tu sentida oración, algo así como:

“”Con los ojos cerrados, a Tu lado,
con los ojos cerrados, voy contigo,
con los ojos cerrados, confiado,
con los ojos cerrados, donde quieras,
con los ojos cerrados, voy seguro,
con los ojos cerrados, de tu mano,
con los ojos cerrados, a ella asido,
con los ojos cerrados, voy tranquilo””


José María Hercilla Trilla
El Barco de Ávila, 7 Agosto 2009

(De mi libro: "El penúltimo cuaderno" )

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