IMPRECISION (019)
Es un ansia imprecisa,
un deseo inconcreto,
un anhelar confuso,
lo que en el alma siento.
Yo quisiera... ¿quién sabe?;
ni yo sé lo que quiero,
ni sé lo que me pasa,
ni sé que es lo que tengo
metido aquí, en el fondo,
mordiéndome aquí dentro.
Sólo sé que me tiene
por las noches despierto;
que me paso las horas
sin conciliar el sueño;
que, sin pensar en nada,
me parece que pienso,
y cuando quiero en algo
concentrarme, no puedo,
pues absurdas ideas
me invaden el cerebro,
y noto que se escapan,
perdiéndose a lo lejos
en una rauda fuga,
todos mis pensamientos.
Es en vano que intente
concentrarme un momento;
me acosan con sus risas
o sus lloros, espectros
de otros tiempos pasados,
que hace tiempo murieron;
o una vaga nostalgia,
como un sudario negro,
me envuelve y atosiga;
o un moscardón molesto
-con su zumbido ingrato-
me machaca el cerebro
y emprenden las ideas
la fuga, con un vuelo
cansado y pegajoso,
en un volar rastrero.
¡No puedo concentrarme!
Aunque quiera no puedo.
A veces, mi cabeza
se agobia con el peso
de ideas imprecisas,
de juicios y conceptos...;
otras veces, yo noto
que mi cerebro es hueco,
desprovisto de ideas,
encorchado y ligero
que sube, y sube, y sube...
con ingrávido vuelo,
y sube más arriba...,
se detiene un momento
y luego, de repente,
se estrella contra el suelo.
Y repercute en mi alma
ese golpe violento
de la rauda subida
y del brusco descenso.
¡No sé lo que me pasa;
no sé ni lo que quiero...!
En mi cabeza bailan
confusos los conceptos,
y casi no distingo
lo malo de lo bueno.
Soy una duda inmensa:
¿Te adoro o te deseo?
¿Para qué vive el hombre?
¿El vivir, es un sueño?
¿En quién encarnaremos
-si algún día encarnamos-
después que hayamos muerto?
Cien mil interrogantes
azotan mi cerebro,
que gime y se retuerce
en medio del silencio
de las dudas, y realiza
inútiles esfuerzos
intentando siquiera
meditar un momento
en todos los problemas
que bullen aquí dentro.
Yo quisiera... ¿Quien sabe?
Tal vez, cuando haya muerto,
-en la paz de la huesa-
descifre este secreto
que nunca he descifrado:
¿Qué cosa es la que quiero?
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
jueves, 9 de julio de 2009
miércoles, 8 de julio de 2009
020 - MEDIO LOCO?
MEDIO LOCO (020)
¿Que yo estoy medio loco?
¿Por qué? ¿Porque los necios
lo creen y pregonan?
¿Porque murmura el pueblo
mis cosas, mis rarezas,
mis dichos y mis hechos?
¿Y a mí, que se me importa?
Que formen los enredos
que más les entretengan;
que divulguen los cuentos
que forjen en sus ocios;
que pregonen sin miedo
todo lo que ellos quieran.
¡No me enfado por eso!
Yo, seguiré mi vida
sin importarme un bledo
lo que callen o digan,
para ocupar su tiempo,
los sobrantes de lengua
y carentes de seso.
¿Que yo estoy medio loco?
Pues a pesar de eso,
me encuentro muy a gusto
y vivo muy contento,
y aunque esté como dicen,
no me cambio por ellos.
¡Me tiene sin cuidado
lo que digan los necios!
Más cuenta les tendría
que ocupasen su tiempo
en trabajar en algo
que fuera de provecho,
y dejarse de vidas
y problemas ajenos.
Si es cierto que estoy loco
y que ellos son los cuerdos,
prefiero mi locura
y a Dios se la agradezco.
No me causan envidia
sus sensatos cerebros,
ni sus lenguas agudas,
repletas de veneno,
me hieren o molestan.
Me escudo en un silencio
despectivo, que nadie
ha logrado vencerlo,
y me río de todos.
¡Mi vida es un secreto
que a nadie le interesa!
En ella hay un misterio...,
y si tengo rarezas,
¡yo sé por qué las tengo!
Sólo siento,
no el estar medio loco,
¡ el no estar loco entero !
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
¿Que yo estoy medio loco?
¿Por qué? ¿Porque los necios
lo creen y pregonan?
¿Porque murmura el pueblo
mis cosas, mis rarezas,
mis dichos y mis hechos?
¿Y a mí, que se me importa?
Que formen los enredos
que más les entretengan;
que divulguen los cuentos
que forjen en sus ocios;
que pregonen sin miedo
todo lo que ellos quieran.
¡No me enfado por eso!
Yo, seguiré mi vida
sin importarme un bledo
lo que callen o digan,
para ocupar su tiempo,
los sobrantes de lengua
y carentes de seso.
¿Que yo estoy medio loco?
Pues a pesar de eso,
me encuentro muy a gusto
y vivo muy contento,
y aunque esté como dicen,
no me cambio por ellos.
¡Me tiene sin cuidado
lo que digan los necios!
Más cuenta les tendría
que ocupasen su tiempo
en trabajar en algo
que fuera de provecho,
y dejarse de vidas
y problemas ajenos.
Si es cierto que estoy loco
y que ellos son los cuerdos,
prefiero mi locura
y a Dios se la agradezco.
No me causan envidia
sus sensatos cerebros,
ni sus lenguas agudas,
repletas de veneno,
me hieren o molestan.
Me escudo en un silencio
despectivo, que nadie
ha logrado vencerlo,
y me río de todos.
¡Mi vida es un secreto
que a nadie le interesa!
En ella hay un misterio...,
y si tengo rarezas,
¡yo sé por qué las tengo!
Sólo siento,
no el estar medio loco,
¡ el no estar loco entero !
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
martes, 7 de julio de 2009
021 - TARDE DE LLUVIA
TARDE DE LLUVIA (021)
Desgrana la lluvia
su monotonía
en los ventanales...
En la tarde fría,
su sonar callado, isócrono y lento,
despierta en el alma la melancolía
y las añoranzas de todos los buenos
amigos ya muertos.
Sus golpes pausados
rompen el silencio
del ocaso triste de esta tarde larga
que ya va muriendo.
También esta lluvia enturbió la tarde
de su casamiento,
mientras yo lloraba
de pena.., de rabia..., de amor y de celos.
Ha llovido mucho desde aquella tarde;
ha pasado el tiempo...!!
En mis soledades,
a veces yo pienso
-muy frecuentemente-:
¿Qué será de Ella en estos momentos?
¿Qué estará pensando?
¿Qué estará diciendo?
Acaso se acuerde
de los tiempos viejos
en que nos quisimos; acaso recuerde
aquel primer beso...;
acaso se nublen sus ojos, tan negros,
al sentir en su alma
el dolor punzante del remordimiento...;
acaso contemple, callada, la lluvia
que, en mis ventanales, yo también contemplo,
y sienta una angustia
muy triste, muy honda, nacer en su pecho...
Esta lluvia mansa,
esta lluvia triste que entume los huesos,
es como un presagio que agota y deprime
mis cansados nervios.
¡Me he quedado sólo
hace mucho tiempo...!
Ni padres, ni amigos, ni amores... Ya nada
me queda en la tierra. Tan sólo el recuerdo
de todos los seres
que ha tiempo se fueron.
Unos..., se marcharon;
otros..., se murieron;
y yo, poco a poco,
me fui haciendo viejo.
¡Y hoy no tengo a nadie!
Soy como un espectro
del ayer, que vaga
buscando el olvido, la paz y el silencio.
Sólo, con mis penas
y con mis recuerdos,
veo indiferente como pasan raudos
la Vida y el Tiempo.
A una primavera, sucede un verano;
después un otoño; más tarde, un invierno...,
y luego la rueda, sin fin ni principio,
comienza de nuevo.
Esta lluvia triste
que esta tarde siento
en mis ventanales,
otras muchas veces,
en otros inviernos,
desató su furia
contra mi aposento;
mas yo me reía de la pobre lluvia,
de su sonsonete, de su lloriqueo...,
¡porque yo era joven!
Sentía en mi cuerpo
el correr ardiente,
el chocar violento
de la sangre joven.
Ahora... es otra cosa. Ya... son otros tiempos;
cada vez que llueve,
cada vez que siento
azotar la lluvia en mis ventanales...,
me asalta la sombra de un presentimiento.
¡Me encuentro muy sólo!
¡Me veo muy viejo...!
Tal vez, cuando caiga
la lluvia de nuevo,
sus gotas golpeen con ruido macabro,
la losa de piedra que esconda mi cuerpo.
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
Desgrana la lluvia
su monotonía
en los ventanales...
En la tarde fría,
su sonar callado, isócrono y lento,
despierta en el alma la melancolía
y las añoranzas de todos los buenos
amigos ya muertos.
Sus golpes pausados
rompen el silencio
del ocaso triste de esta tarde larga
que ya va muriendo.
También esta lluvia enturbió la tarde
de su casamiento,
mientras yo lloraba
de pena.., de rabia..., de amor y de celos.
Ha llovido mucho desde aquella tarde;
ha pasado el tiempo...!!
En mis soledades,
a veces yo pienso
-muy frecuentemente-:
¿Qué será de Ella en estos momentos?
¿Qué estará pensando?
¿Qué estará diciendo?
Acaso se acuerde
de los tiempos viejos
en que nos quisimos; acaso recuerde
aquel primer beso...;
acaso se nublen sus ojos, tan negros,
al sentir en su alma
el dolor punzante del remordimiento...;
acaso contemple, callada, la lluvia
que, en mis ventanales, yo también contemplo,
y sienta una angustia
muy triste, muy honda, nacer en su pecho...
Esta lluvia mansa,
esta lluvia triste que entume los huesos,
es como un presagio que agota y deprime
mis cansados nervios.
¡Me he quedado sólo
hace mucho tiempo...!
Ni padres, ni amigos, ni amores... Ya nada
me queda en la tierra. Tan sólo el recuerdo
de todos los seres
que ha tiempo se fueron.
Unos..., se marcharon;
otros..., se murieron;
y yo, poco a poco,
me fui haciendo viejo.
¡Y hoy no tengo a nadie!
Soy como un espectro
del ayer, que vaga
buscando el olvido, la paz y el silencio.
Sólo, con mis penas
y con mis recuerdos,
veo indiferente como pasan raudos
la Vida y el Tiempo.
A una primavera, sucede un verano;
después un otoño; más tarde, un invierno...,
y luego la rueda, sin fin ni principio,
comienza de nuevo.
Esta lluvia triste
que esta tarde siento
en mis ventanales,
otras muchas veces,
en otros inviernos,
desató su furia
contra mi aposento;
mas yo me reía de la pobre lluvia,
de su sonsonete, de su lloriqueo...,
¡porque yo era joven!
Sentía en mi cuerpo
el correr ardiente,
el chocar violento
de la sangre joven.
Ahora... es otra cosa. Ya... son otros tiempos;
cada vez que llueve,
cada vez que siento
azotar la lluvia en mis ventanales...,
me asalta la sombra de un presentimiento.
¡Me encuentro muy sólo!
¡Me veo muy viejo...!
Tal vez, cuando caiga
la lluvia de nuevo,
sus gotas golpeen con ruido macabro,
la losa de piedra que esconda mi cuerpo.
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
lunes, 6 de julio de 2009
022 - ¿RECUERDAS, MI VIDA?
¿RECUERDAS, MI VIDA...? (022)
¿Recuerdas, mi vida?
¡Qué tiempos aquellos...!
Éramos dichosos.
Nos bastaba vernos
llenos de ilusiones
para estar contentos.
¿Recuerdas, mi vida?
¡Cómo cambia el tiempo...,
y cómo nos cambia!
Nos hacemos viejos
insensiblemente...
En la calle vemos
a antiguos amigos
y pensamos serios:
- ¡Cómo está fulano;
- parece un espectro;
- ya no es ni la sombra
- de aquel hombre apuesto,
- decidor y alegre...
Y seguimos luego
nuestra incierta marcha,
añorando aquellos
años juveniles
que ya se nos fueron.
¿Recuerdas, mi vida?
¡Qué tiempos! ¡Qué tiempos...!
Parece mentira...
Todos los deseos
nobles y elevados,
y todos los sueños
de fama y de gloria,
¡todos se murieron!
En cada recodo
de cada sendero,
hemos sepultado
un ensueño, muerto
por un desengaño,
y ya no tenemos
para consolarnos
más que los recuerdos
que en los años mozos
fuimos recogiendo.
¿Recuerdas, mi vida?
¡Qué tiempos aquéllos...!
Jóvenes y fuertes,
no nos daba miedo
de nada ni nadie.
Locos caballeros
del Amor y el Arte,
éramos los dueños
-los únicos reyes-
de un mundo de ensueño.
¿Recuerdas, mi vida?
Era mi chambergo
como una corona
sobre mis cabellos;
a mi vieja capa,
que vendí a un prendero
para no morirme
de hambre, recuerdo
con todo el cariño
de un amigo viejo;
y mi vieja pipa,
que hoy rota la tengo
guardada con todas
las cosas que quiero,
esa negra pipa
que aromó mis sueños
con las humaredas
del tabaco negro,
es una reliquia
que guardo y venero.
¿Recuerdas, mi vida?
¡Cómo pasa el tiempo...!
En una taberna
se perdió el sombrero...;
la capa, ya digo...,
la compró un prendero;
y la pipa, yace
rota, con los versos
que en tiempos compuse,
y con los recuerdos
de la novia ingenua
de mi amor primero.
¿Recuerdas, mi vida?
La novia, ya ha muerto;
los años, pasaron;
volaron los sueños;
y el alma, cansada,
no tiene deseos
de gloria, ni nada
de aquellos anhelos
que entonces tenía..
¡Dios mío, qué tiempos...!
¿Recuerdas, mi vida?
¡Qué tiempos aquéllos...!
Ahora, solitario,
cruzo mi sendero,
taciturno y grave,
llorando mis sueños
de Amor y de Gloria...
que no se cumplieron.
¡Cuánto sueño roto!
¡Cuánto sueño muerto
apenas nacido...!
¡Qué tristes recuerdos,
-tristes y gloriosos-,
los de aquellos tiempos...!
¿Recuerdas, mi vida?
Un día se fueron
y no regresaron
todos mis ensueños
y mis ilusiones...,
marchando muy lejos.
¿Recuerdas, mi vida?
Entonces vinieron
las desesperanzas;
el triste cortejo
de los desengaños;
los hondos silencios
de mis soledades...;
entonces nacieron
las primeras canas
sobre mis cabellos,
y mordió la Duda
-como un lobo hambriento-
todas mis creencias..,
¡que ya se me han muerto!
¿Recuerdas, mi vida?
¡Aquello eran tiempos...!
¡Aquello era vida...!
¿Recuerdas...?
¡¡ Recuerdo!!
José Mría hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
¿Recuerdas, mi vida?
¡Qué tiempos aquellos...!
Éramos dichosos.
Nos bastaba vernos
llenos de ilusiones
para estar contentos.
¿Recuerdas, mi vida?
¡Cómo cambia el tiempo...,
y cómo nos cambia!
Nos hacemos viejos
insensiblemente...
En la calle vemos
a antiguos amigos
y pensamos serios:
- ¡Cómo está fulano;
- parece un espectro;
- ya no es ni la sombra
- de aquel hombre apuesto,
- decidor y alegre...
Y seguimos luego
nuestra incierta marcha,
añorando aquellos
años juveniles
que ya se nos fueron.
¿Recuerdas, mi vida?
¡Qué tiempos! ¡Qué tiempos...!
Parece mentira...
Todos los deseos
nobles y elevados,
y todos los sueños
de fama y de gloria,
¡todos se murieron!
En cada recodo
de cada sendero,
hemos sepultado
un ensueño, muerto
por un desengaño,
y ya no tenemos
para consolarnos
más que los recuerdos
que en los años mozos
fuimos recogiendo.
¿Recuerdas, mi vida?
¡Qué tiempos aquéllos...!
Jóvenes y fuertes,
no nos daba miedo
de nada ni nadie.
Locos caballeros
del Amor y el Arte,
éramos los dueños
-los únicos reyes-
de un mundo de ensueño.
¿Recuerdas, mi vida?
Era mi chambergo
como una corona
sobre mis cabellos;
a mi vieja capa,
que vendí a un prendero
para no morirme
de hambre, recuerdo
con todo el cariño
de un amigo viejo;
y mi vieja pipa,
que hoy rota la tengo
guardada con todas
las cosas que quiero,
esa negra pipa
que aromó mis sueños
con las humaredas
del tabaco negro,
es una reliquia
que guardo y venero.
¿Recuerdas, mi vida?
¡Cómo pasa el tiempo...!
En una taberna
se perdió el sombrero...;
la capa, ya digo...,
la compró un prendero;
y la pipa, yace
rota, con los versos
que en tiempos compuse,
y con los recuerdos
de la novia ingenua
de mi amor primero.
¿Recuerdas, mi vida?
La novia, ya ha muerto;
los años, pasaron;
volaron los sueños;
y el alma, cansada,
no tiene deseos
de gloria, ni nada
de aquellos anhelos
que entonces tenía..
¡Dios mío, qué tiempos...!
¿Recuerdas, mi vida?
¡Qué tiempos aquéllos...!
Ahora, solitario,
cruzo mi sendero,
taciturno y grave,
llorando mis sueños
de Amor y de Gloria...
que no se cumplieron.
¡Cuánto sueño roto!
¡Cuánto sueño muerto
apenas nacido...!
¡Qué tristes recuerdos,
-tristes y gloriosos-,
los de aquellos tiempos...!
¿Recuerdas, mi vida?
Un día se fueron
y no regresaron
todos mis ensueños
y mis ilusiones...,
marchando muy lejos.
¿Recuerdas, mi vida?
Entonces vinieron
las desesperanzas;
el triste cortejo
de los desengaños;
los hondos silencios
de mis soledades...;
entonces nacieron
las primeras canas
sobre mis cabellos,
y mordió la Duda
-como un lobo hambriento-
todas mis creencias..,
¡que ya se me han muerto!
¿Recuerdas, mi vida?
¡Aquello eran tiempos...!
¡Aquello era vida...!
¿Recuerdas...?
¡¡ Recuerdo!!
José Mría hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
viernes, 3 de julio de 2009
023 - ROSARIO
ROSARIO... (023)
Fue la hora suprema de las iniciaciones;
la hora presentida de mis sueños ardientes...;
yo, ya había soñado todas las emociones
en las horas pausadas de mis noches silentes.
En tu boca fragante, de labios sonrientes,
del misterioso arcano hallé las soluciones.
Nuestros labios chocaron cual dos ascuas candentes
y vibraron acordes nuestros dos corazones.
En el éxtasis breve del misterio sensual
viví toda una vida, y en la luz ideal
de tus negras pupilas se anegaron mis ojos
febriles y cansados, de bardo visionario.
¡Desde entonces, desgrano, en mi senda de abrojos,
las nostálgicas rimas que forman mi Rosario!
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
Fue la hora suprema de las iniciaciones;
la hora presentida de mis sueños ardientes...;
yo, ya había soñado todas las emociones
en las horas pausadas de mis noches silentes.
En tu boca fragante, de labios sonrientes,
del misterioso arcano hallé las soluciones.
Nuestros labios chocaron cual dos ascuas candentes
y vibraron acordes nuestros dos corazones.
En el éxtasis breve del misterio sensual
viví toda una vida, y en la luz ideal
de tus negras pupilas se anegaron mis ojos
febriles y cansados, de bardo visionario.
¡Desde entonces, desgrano, en mi senda de abrojos,
las nostálgicas rimas que forman mi Rosario!
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
jueves, 2 de julio de 2009
024 - LAS HORAS GRISES
LAS HORAS GRISES (024)
¡Oh, las horas grises...!
Esas horas largas,
de melancolías,
que vienen y pasan
dejando una huella
de desesperanza.
Oh, las horas grises
de las solitarias
tardes invernales,
en que la añoranza
baila en torno nuestro
una zarabanda.
Esas horas grises,
que dejan el alma
sin fuerzas ni bríos;
en que los fantasmas
de los tiempos idos
bailan su macabra
danza en torno nuestro....
¡Se casó la Amada...!
¡Se murió el Amigo...!
¡Nacieron las canas
con los desengaños...!
Y surgen calladas,
sus evocaciones:
Su figura blanca,
con su clasicismo
de virgen pagana;
sus ojos ardientes...,
sus manos nevadas...,
sus labios sensuales,
que parece que hablan...
Y se nota un nudo,
allá en la garganta
y un algo en el pecho,
que nos atenaza...
¡Oh, las horas grises...!
¡Esas horas largas,
de melancolías
y desesperanzas...!
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
¡Oh, las horas grises...!
Esas horas largas,
de melancolías,
que vienen y pasan
dejando una huella
de desesperanza.
Oh, las horas grises
de las solitarias
tardes invernales,
en que la añoranza
baila en torno nuestro
una zarabanda.
Esas horas grises,
que dejan el alma
sin fuerzas ni bríos;
en que los fantasmas
de los tiempos idos
bailan su macabra
danza en torno nuestro....
¡Se casó la Amada...!
¡Se murió el Amigo...!
¡Nacieron las canas
con los desengaños...!
Y surgen calladas,
sus evocaciones:
Su figura blanca,
con su clasicismo
de virgen pagana;
sus ojos ardientes...,
sus manos nevadas...,
sus labios sensuales,
que parece que hablan...
Y se nota un nudo,
allá en la garganta
y un algo en el pecho,
que nos atenaza...
¡Oh, las horas grises...!
¡Esas horas largas,
de melancolías
y desesperanzas...!
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
miércoles, 1 de julio de 2009
025 - BANCO DE LAS MUSAS
BANCO DE LAS MUSAS (025)
¡Banco de las Musas,
a la dulce sombra de aquel palo-santo!
Mudo confidente
de las tardes tristes en que sueño tanto...
Tú sabes de todos
mis vagos ensueños y melancolías;
lloras en silencio
con mis desengaños, y en mis alegrías
compartes callado
la sonrisa inquieta que baila en mi boca.
¡Banco de las Musas!
Rincón escondido que a soñar convoca
en las solitarias
tardes pueblerinas. La Blanca Quimera
surge misteriosa
de tus soledades y vuela ligera
al país remoto
que habitan las Hadas, las rubias Princesas
de mirada dulce,
de cutis de raso y labios de fresa.
¡Banco de las Musas,
donde a solas sueño con tiempos mejores!
En la sombra amable
de tu palo-santo cuajado de flores
y hojas verde laca,
la melancolía que causó la ausencia,
rima sus dolores,
y fingen mis ansias tu dulce presencia.
¡Rubia Princesita,
en mis ansias siento vibrar el ambiente
con tu risa inquieta!
Banco de las Musas, mudo confidente
de las tardes tristes
a la dulce sombra de aquel palo-santo,
¡guárdame el secreto!
¡No digas a nadie que la quiero tanto!
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
¡Banco de las Musas,
a la dulce sombra de aquel palo-santo!
Mudo confidente
de las tardes tristes en que sueño tanto...
Tú sabes de todos
mis vagos ensueños y melancolías;
lloras en silencio
con mis desengaños, y en mis alegrías
compartes callado
la sonrisa inquieta que baila en mi boca.
¡Banco de las Musas!
Rincón escondido que a soñar convoca
en las solitarias
tardes pueblerinas. La Blanca Quimera
surge misteriosa
de tus soledades y vuela ligera
al país remoto
que habitan las Hadas, las rubias Princesas
de mirada dulce,
de cutis de raso y labios de fresa.
¡Banco de las Musas,
donde a solas sueño con tiempos mejores!
En la sombra amable
de tu palo-santo cuajado de flores
y hojas verde laca,
la melancolía que causó la ausencia,
rima sus dolores,
y fingen mis ansias tu dulce presencia.
¡Rubia Princesita,
en mis ansias siento vibrar el ambiente
con tu risa inquieta!
Banco de las Musas, mudo confidente
de las tardes tristes
a la dulce sombra de aquel palo-santo,
¡guárdame el secreto!
¡No digas a nadie que la quiero tanto!
José María Hercilla Trilla
Cañaveral, 1948
(De mi libro: "Canciones de juventud")
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