lunes, 7 de diciembre de 2009

(256) - A MI MADRE, MARÍA TRILLA

A MI MADRE, MARIA TRILLA MARTIN (256)
(07-01-1899 / 24-09-1992)

La mínima MARIA, fue tan dulce y tan buena,
que al morirse, la Muerte, le dejó la sonrisa
bailando entre los labios, el semblante apacible
y entreabiertos los ojos, como para mirarnos
con maternal afecto y en silencio pedirnos,
sonriendo, perdones, por habernos causado
dolor con su partida y huérfanos dejarnos,
desamparados, solos, desde ya para siempre.

La mínima MARIA, paciencia y cortesía,
humildad y ternura, amoroso desvelo,
de cuyos labios nunca se escapara palabra
de queja o de reproche; que jamás pronunciara
una crítica adversa o malévola frase
que a su prójimo hiriera, supo guardar su boca
de terrenal pecado, y por eso, a su muerte,
el Señor, la sonrisa le dejó entre los labios
exangües y entreabiertos, para darnos la prueba
a sus huérfanos hijos, de haber sido elegida
para entrar en el Cielo y con todos los Santos
gozar de las promesas que Cristo nos hiciera.

La mínima MARIA, que fue tan dulce y buena,
que ni venial pecado cometiera en su vida,
ha subido a los Cielos y de Dios a la diestra
se encuentra ya sentada, seguro que buscando
la forma de esconderse entre los elegidos,
como humilde violeta del jardín del Señor.

Jamás la olvidaremos quiénes hemos tenido
el gozo de ser hijos de madre tan perfecta,
-que nunca merecimos-, y a la que no he sabido
-estoy seguro de ello- amar tal como ELLA
supo amarnos a todos, con su extrema bondad.

José María Hercilla Trilla
Avila, 24 Septiembre 1992


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