LA TANCA D'OR (064)
El más vivo recuerdo
de mi primera infancia
es un lago de oro,
dentro del cual nadaban
unos extraños seres,
su cabezas tocadas
con enormes sombreros
de voladizas alas,
que tan pronto surgían
de las aguas doradas,
mostrando medio cuerpo,
como, con nuevas ansias,
hundían sus cabezas
dentro de la áurea masa
sutil y movediza,
que a mí se me antojaba
un líquido dorado,
una materia rara
que la brisa mecía
en una forma extraña.
Era... un campo de trigo,
de rubia mies, dorada
por el sol de Menorca,
la Isla Azul y Blanca.
Era un trigo maduro
sembrado en una "tanca",
en la cual los payeses,
encorvados, segaban
con sus certeras hoces
las espigas granadas.
A mis ojos de niño,
cargados de ignorancia,
aquello parecía
como un dorado magma
sutil e inconsistente,
mecido por las auras
de la brisa marina,
tenuemente aromada
de salitre y de brea,
de cangrejos y algas,
que venía del puerto,
pasando la Colársega.
Cada vez que ahora veo
en mi Castilla parda
los trigales maduros
moviéndose en las vastas
planicies del secano,
sus espigas granadas
ondulantes al viento,
se despierta en mi alma
la memoria de aquella
inolvidable "tanca"
rebosante de oro
que deslumbró mi infancia
en la bella Menorca,
tan Azul y tan Blanca.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Avila, 26 Agosto 1978
De mi libro:”Canciones menorquinas”
(Publ. en www.esdiari.com Nº 657/08.04.07)
lunes, 30 de junio de 2008
viernes, 27 de junio de 2008
418 - ¿MI TIEMPO, ME PREGUNTAS?
¿MI TIEMPO, ME PREGUNTAS? (418)
“Y fui feliz catorce días; no seguidos”
(Abderramán III, en su testamento.
Citado por Antonio Gala en su libro
“Poemas de Amor”.)
¿Mi tiempo, me preguntas? Te aseguro
que también yo lo tuve. Como todos.
El Buen Dios nos asigna en usufructo
un espacio de tiempo limitado
que debemos cuidar celosamente,
y del cual es sabido que tenemos
-al llegar al final- que rendir cuentas.
Yo he tenido mi tiempo; no lo dudes.
Lo malo es que creí que no acababa,
que era eterno mi tiempo, y nunca supe
cuidarlo con el celo que se debe
poner en lo fugaz y evanescente.
Ya próximo al final, hoy me preguntas,
al ver como mi tiempo se me acaba,
¿qué has hecho de tu tiempo en estos años?,
y puedo solamente responderte:
¡Se me ha ido mirando las estrellas,
con los ojos alzados hacia el cielo,
buscando inutilmente la respuesta
al misterio de Dios y de mi vida!
Mi tiempo, me interrogas, y comprendo
que tú me lo preguntes, extrañado
del punto en que me encuentras, cuando pude
quizás haber seguido otros caminos
y alcanzar unas metas más lucidas.
No debes preocuparte, pues he sido
feliz “catorce días” en mi vida,
y tampoco “seguidos”, como dice
Abderramán Tercero cuando escribe
su largo testamento en los jardines
del Palacio de Córdoba sultana.
¡Feliz catorce días! ¿Mas el resto…?
Ya lo dije: ¡Mirando las estrellas!
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Barco de Avila, 30 Junio 2000
(De mi Libro: “Haciendo mi camino”)
(Publ. en www.esdiari Nº 662/13.05.07)
“Y fui feliz catorce días; no seguidos”
(Abderramán III, en su testamento.
Citado por Antonio Gala en su libro
“Poemas de Amor”.)
¿Mi tiempo, me preguntas? Te aseguro
que también yo lo tuve. Como todos.
El Buen Dios nos asigna en usufructo
un espacio de tiempo limitado
que debemos cuidar celosamente,
y del cual es sabido que tenemos
-al llegar al final- que rendir cuentas.
Yo he tenido mi tiempo; no lo dudes.
Lo malo es que creí que no acababa,
que era eterno mi tiempo, y nunca supe
cuidarlo con el celo que se debe
poner en lo fugaz y evanescente.
Ya próximo al final, hoy me preguntas,
al ver como mi tiempo se me acaba,
¿qué has hecho de tu tiempo en estos años?,
y puedo solamente responderte:
¡Se me ha ido mirando las estrellas,
con los ojos alzados hacia el cielo,
buscando inutilmente la respuesta
al misterio de Dios y de mi vida!
Mi tiempo, me interrogas, y comprendo
que tú me lo preguntes, extrañado
del punto en que me encuentras, cuando pude
quizás haber seguido otros caminos
y alcanzar unas metas más lucidas.
No debes preocuparte, pues he sido
feliz “catorce días” en mi vida,
y tampoco “seguidos”, como dice
Abderramán Tercero cuando escribe
su largo testamento en los jardines
del Palacio de Córdoba sultana.
¡Feliz catorce días! ¿Mas el resto…?
Ya lo dije: ¡Mirando las estrellas!
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Barco de Avila, 30 Junio 2000
(De mi Libro: “Haciendo mi camino”)
(Publ. en www.esdiari Nº 662/13.05.07)
jueves, 26 de junio de 2008
419 - AL CABO DE LA CALLE
AL CABO DE LA CALLE (419)
Al cabo de la calle estoy de todo;
ya son pocas las cosas que me importan,
me llaman la atención o me cautivan.
¿Egoísmo, tal vez? ¿Desesperanza?
¿O sólo indiferencia, derivada
de todos los eventos que he vivido?
Vaya usted a saber, amigo mío,
el porqué de las cosas que se sienten
a lo largo del tiempo que se vive.
Cada día aporta sus afanes;
ningún día es igual al que ha pasado;
unos traen alegrías; otros, penas;
y al final del camino te tropiezas
con un desasimiento paulatino,
en el cual sobrevuelas tus entornos
serenamente calmo, convencido
-resignado también- de que tu marcha
habrá de ser sin equipaje alguno,
casi en cueros, lo mismo que se nace.
¿Cómo voy a aferrarme a cosa alguna
si mañana, tal vez, deba dejaros
y me marche muy lejos, para siempre?
Por eso, pues, repito, no me importan
sino muy pocas cosas a estas fechas:
Mi mujer, y mis hijos, y mis nietos,
y los hombres también, Hermanos todos.
Lo demás, de verdad, todo me sobra.
Por eso reconozco estar dispuesto
a partir diligente, sin maletas
cargadas de tesoros. Los recuerdos,
-si Dios quiere dejarme la memoria-,
sí quisiera llevármelos conmigo.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Barco de Avila, 5 Julio 2000
(De mi Libro: “Canciones de mis años idos”, Tomo II)
(Publ. en www.esdiari.com Nº 669/1.07.07)
Al cabo de la calle estoy de todo;
ya son pocas las cosas que me importan,
me llaman la atención o me cautivan.
¿Egoísmo, tal vez? ¿Desesperanza?
¿O sólo indiferencia, derivada
de todos los eventos que he vivido?
Vaya usted a saber, amigo mío,
el porqué de las cosas que se sienten
a lo largo del tiempo que se vive.
Cada día aporta sus afanes;
ningún día es igual al que ha pasado;
unos traen alegrías; otros, penas;
y al final del camino te tropiezas
con un desasimiento paulatino,
en el cual sobrevuelas tus entornos
serenamente calmo, convencido
-resignado también- de que tu marcha
habrá de ser sin equipaje alguno,
casi en cueros, lo mismo que se nace.
¿Cómo voy a aferrarme a cosa alguna
si mañana, tal vez, deba dejaros
y me marche muy lejos, para siempre?
Por eso, pues, repito, no me importan
sino muy pocas cosas a estas fechas:
Mi mujer, y mis hijos, y mis nietos,
y los hombres también, Hermanos todos.
Lo demás, de verdad, todo me sobra.
Por eso reconozco estar dispuesto
a partir diligente, sin maletas
cargadas de tesoros. Los recuerdos,
-si Dios quiere dejarme la memoria-,
sí quisiera llevármelos conmigo.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Barco de Avila, 5 Julio 2000
(De mi Libro: “Canciones de mis años idos”, Tomo II)
(Publ. en www.esdiari.com Nº 669/1.07.07)
miércoles, 25 de junio de 2008
298 - EN TORNO A LA FORMA
EN TORNO A LA FORMA (298)
Decidme por qué debo usar de consonante
de más difícil rima,
o de asonante acaso de insólitas vocales
que se resistan tercas
a encerrar en su seno la idea que yo quiero
expresar llanamente,
para que llegue a todos aquellos que me lean,
haciéndome la gracia
- quizás inmerecida- de su atención y tiempo,
seguramente escasos.
Lo que quiere el poeta es que su verbo llegue
lo más claro posible,
sin anfibologías, a calar en la mente
de todos sus Hermanos,
en esa mente limpia, abierta a su mensaje
como el campo se abre
a la lluvia nutricia que lo esponja y sazona
para que dé sus frutos.
Y me resulta absurdo pretender imponerle
un corsé a las palabras
que les impida el juego natural con que deben
moverse alegremente
para servir de nexo entre aquél que las dice,
- y dice lo que sabe,
y sabe lo que siente-, y aquel desconocido
que la merced le hace
de prestarle unas horas de su tiempo precioso,
buscando hallar un eco
a sus propios sentires en la lectura atenta
de lo que le decimos
en nuestro verso libre, testimonio fehaciente
de nuestro propio modo
de concebir la vida, sin otras ataduras
que las elementales
normas de convivencia, conscientes de que nuestra
libertad se detiene
allí donde comienza la libertad ajena,
inviolable y sagrada.
Mientras yo no le niegue el respeto al Hermano,
ni pretenda imponerle
mi personal creencia sobre el mundo en que vivo
o el Dios en el que creo,
me parece muy justo que aceptéis como escribo,
sin ponerle defectos
a la forma que uso para escribir aquello
que me viene a la mente.
Otra cosa es, Hermanos, que repudiéis el fondo
y creáis que no digo
sino majaderías. En eso, reconozco
que os asiste el derecho
de repudiar mi obra, pues, al fin y a la postre,
nadie puede quitaros
la libertad que anida en el fondo del alma
de todos los mortales.
Entre el fondo y la forma, coincidiréis conmigo
que la elección es fácil,
y si el fondo no es malo y puede digerirse,
después de la lectura,
el lector, en su pecho, sabrá darle la forma
que a su gusto convenga.
La forma es contingente y no puede restarle
al fondo su substancia,
por mucho que se empeñen puristas distinguidos
en decir lo contrario.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Salamanca 6 Mayo 1997
(De mi Libro: “Del estilo y las formas” )
(Publ. en www.esdiari.com Nº 670/8.07.07)
Decidme por qué debo usar de consonante
de más difícil rima,
o de asonante acaso de insólitas vocales
que se resistan tercas
a encerrar en su seno la idea que yo quiero
expresar llanamente,
para que llegue a todos aquellos que me lean,
haciéndome la gracia
- quizás inmerecida- de su atención y tiempo,
seguramente escasos.
Lo que quiere el poeta es que su verbo llegue
lo más claro posible,
sin anfibologías, a calar en la mente
de todos sus Hermanos,
en esa mente limpia, abierta a su mensaje
como el campo se abre
a la lluvia nutricia que lo esponja y sazona
para que dé sus frutos.
Y me resulta absurdo pretender imponerle
un corsé a las palabras
que les impida el juego natural con que deben
moverse alegremente
para servir de nexo entre aquél que las dice,
- y dice lo que sabe,
y sabe lo que siente-, y aquel desconocido
que la merced le hace
de prestarle unas horas de su tiempo precioso,
buscando hallar un eco
a sus propios sentires en la lectura atenta
de lo que le decimos
en nuestro verso libre, testimonio fehaciente
de nuestro propio modo
de concebir la vida, sin otras ataduras
que las elementales
normas de convivencia, conscientes de que nuestra
libertad se detiene
allí donde comienza la libertad ajena,
inviolable y sagrada.
Mientras yo no le niegue el respeto al Hermano,
ni pretenda imponerle
mi personal creencia sobre el mundo en que vivo
o el Dios en el que creo,
me parece muy justo que aceptéis como escribo,
sin ponerle defectos
a la forma que uso para escribir aquello
que me viene a la mente.
Otra cosa es, Hermanos, que repudiéis el fondo
y creáis que no digo
sino majaderías. En eso, reconozco
que os asiste el derecho
de repudiar mi obra, pues, al fin y a la postre,
nadie puede quitaros
la libertad que anida en el fondo del alma
de todos los mortales.
Entre el fondo y la forma, coincidiréis conmigo
que la elección es fácil,
y si el fondo no es malo y puede digerirse,
después de la lectura,
el lector, en su pecho, sabrá darle la forma
que a su gusto convenga.
La forma es contingente y no puede restarle
al fondo su substancia,
por mucho que se empeñen puristas distinguidos
en decir lo contrario.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Salamanca 6 Mayo 1997
(De mi Libro: “Del estilo y las formas” )
(Publ. en www.esdiari.com Nº 670/8.07.07)
martes, 24 de junio de 2008
438 - SI UN DÍA, ESTANDO A SOLAS...
SI UN DÍA, ESTANDO A SÓLAS… (438)
Si un día, estando a sólas, sin testigos,
sin dolor ni congoja innecesarios,
dormido me quedare para siempre,
con la paz reflejada en el semblante
e incluso la sonrisa entre los labios,
habrán de convenir conmigo ustedes
que sería un final muy aceptable,
quizás inmerecido -bien es cierto-,
que no a todos los hombres les es dado
elegir la manera de morirse.
Morirse tal cual digo equivaldría
a ese decirse «adios» de cada noche:
«Adios, hasta mañana, que descanses»,
que todos nos decimos cuando vamos
a entregarnos al sueño y esperamos
despertar con el sol del nuevo día,
dispuestos a seguir nuestros caminos,
donde quiera que éstos nos conduzcan.
Morirse tal cual digo, supondría
despedirse una noche de los tuyos,
una más de las muchas despedidas
que a diario decimos, de rutina,
y en discreto silencio, sin apenas
causar grandes molestias ni quebrantos,
sin que nadie se entere, si es posible,
no volver a mover ni pie ni pata,
ni volver a opinar de cosa alguna.
No lloréis mi partida; no merezco
-pienso yo- muchos llantos. Me conformo
con vivir algún tiempo en el recuerdo
de todos los que amé, y sobre todo
que piensen que, aunque raro en ocasiones,
no fui malo del todo para ellos,
pues en ellos cifré mis ilusiones
y a Dios agradecí todos los días
el premio que con ellos me otorgara.
No sé cómo será mi hora postrera;
a mí me gustaría, como digo,
a sólas, sin testigos, de repente,
sin dolor ni congojas, en silencio,
con la paz reflejada en el semblante
e incluso una sonrisa enntre los labios.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Barco de Avila, 28 Julio 2001
(De mi Libro: “Íntimas” )
(Publ. en www.esdiari.com Nº 663/20.05.07
y en www.avilared.com del 3.08.07)
Si un día, estando a sólas, sin testigos,
sin dolor ni congoja innecesarios,
dormido me quedare para siempre,
con la paz reflejada en el semblante
e incluso la sonrisa entre los labios,
habrán de convenir conmigo ustedes
que sería un final muy aceptable,
quizás inmerecido -bien es cierto-,
que no a todos los hombres les es dado
elegir la manera de morirse.
Morirse tal cual digo equivaldría
a ese decirse «adios» de cada noche:
«Adios, hasta mañana, que descanses»,
que todos nos decimos cuando vamos
a entregarnos al sueño y esperamos
despertar con el sol del nuevo día,
dispuestos a seguir nuestros caminos,
donde quiera que éstos nos conduzcan.
Morirse tal cual digo, supondría
despedirse una noche de los tuyos,
una más de las muchas despedidas
que a diario decimos, de rutina,
y en discreto silencio, sin apenas
causar grandes molestias ni quebrantos,
sin que nadie se entere, si es posible,
no volver a mover ni pie ni pata,
ni volver a opinar de cosa alguna.
No lloréis mi partida; no merezco
-pienso yo- muchos llantos. Me conformo
con vivir algún tiempo en el recuerdo
de todos los que amé, y sobre todo
que piensen que, aunque raro en ocasiones,
no fui malo del todo para ellos,
pues en ellos cifré mis ilusiones
y a Dios agradecí todos los días
el premio que con ellos me otorgara.
No sé cómo será mi hora postrera;
a mí me gustaría, como digo,
a sólas, sin testigos, de repente,
sin dolor ni congojas, en silencio,
con la paz reflejada en el semblante
e incluso una sonrisa enntre los labios.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Barco de Avila, 28 Julio 2001
(De mi Libro: “Íntimas” )
(Publ. en www.esdiari.com Nº 663/20.05.07
y en www.avilared.com del 3.08.07)
lunes, 23 de junio de 2008
146 - LOS CALIFICATIVOS
LOS CALIFICATIVOS (146)
¿Porqué será, me pregunto,
el mundo tan conflictivo?
Después de mucho pensar,
me quedo dubitativo,
sospechando que los males
son obra del adjetivo.
Más grata sería la vida
si los hombres al hablar
-y también al escribir-
se pudieran olvidar
de los calificativos,
y el nombre tan sólo usar.
Usando tan sólo el nombre,
sin calificar las cosas,
las flores, flores serían,
y las rosas, sólo rosas,
y no habría controversias
por feas o por hermosas.
Lo que a los hombres divide
son las calificaciones,
ya que el hombre no tolera
las ajenas opiniones,
y por defender las propias
siempre acaba a mojicones.
El hombre presume, necio,
de tener inteligencia,
cuando debiera jactarse
mejor de su intransigencia,
de no admitir las ajenas
opiniones con paciencia.
Y así nos luce el cabello
y nos falta la alegría
en nuestro trato diario,
pues nos pasamos el día
gritando: "Para opiniones,
tan sólo vale la mía".
¡Si pudiéramos hablar
lo mismo que al escribir
se redacta un telegrama,
cuan fácil sería vivir
con nuestro prójimo en paz
y en paz llegar a morir!.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
La Aliseda de Tormes, 6 Julio 1986
(De mi Libro: “Del estilo y las formas”)
(Publ. en www.esdiari.com Nº 671/15.07.07)
¿Porqué será, me pregunto,
el mundo tan conflictivo?
Después de mucho pensar,
me quedo dubitativo,
sospechando que los males
son obra del adjetivo.
Más grata sería la vida
si los hombres al hablar
-y también al escribir-
se pudieran olvidar
de los calificativos,
y el nombre tan sólo usar.
Usando tan sólo el nombre,
sin calificar las cosas,
las flores, flores serían,
y las rosas, sólo rosas,
y no habría controversias
por feas o por hermosas.
Lo que a los hombres divide
son las calificaciones,
ya que el hombre no tolera
las ajenas opiniones,
y por defender las propias
siempre acaba a mojicones.
El hombre presume, necio,
de tener inteligencia,
cuando debiera jactarse
mejor de su intransigencia,
de no admitir las ajenas
opiniones con paciencia.
Y así nos luce el cabello
y nos falta la alegría
en nuestro trato diario,
pues nos pasamos el día
gritando: "Para opiniones,
tan sólo vale la mía".
¡Si pudiéramos hablar
lo mismo que al escribir
se redacta un telegrama,
cuan fácil sería vivir
con nuestro prójimo en paz
y en paz llegar a morir!.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
La Aliseda de Tormes, 6 Julio 1986
(De mi Libro: “Del estilo y las formas”)
(Publ. en www.esdiari.com Nº 671/15.07.07)
sábado, 21 de junio de 2008
244 - SOBRE LAS FORMAS
SOBRE LAS FORMAS (244)
Delante de vosotros, llanamente declaro
no haber sido arquitecto
innovador de formas o de rimas extrañas,
donde encerrar mi verso.
Admití como buenas las antiguas estrofas,
descubiertas ha tiempo
por los clásicos vates que de ellas usaron
y a su oficio sirvieron,
y no quise meterme en más complicaciones,
ni hacer descubrimientos
de nuevas estructuras, más o menos geniales,
en las que dejar preso,
aherrojado e inmóvil, el saltarín torrente
conductor de mi verbo.
Desde siempre he creído que era más importante,
-y lo sigo creyendo-,
lo que el hombre nos diga, que la forma empleada
para lograr su intento.
Por eso, consecuente con tan firme creencia,
escribo cuando tengo
la sensación rotunda de ser, lo que me bulle
y brinca en el cerebro,
una idea muy clara, que pudiera ser útil
y servir de provecho
a aquel desconocido que se pare a leerme
por entretenimiento,
sin buscar en lo escrito otra cosa distinta
de lo que dicho dejo,
independientemente de la forma o estrofa
con qué se lo presento.
Mi aspiración consiste en escribir muy claro
y decir lo que pienso
en forma comprensible, de manera sencilla,
al estilo del pueblo,
sin pensar en la forma, atento sólo al ritmo
con el que va naciendo
lo que mi mente alumbra, para que volar pueda
donde lo lleve el viento,
sin grillos ni prisiones que atenacen sus alas,
sin trabas y sin frenos.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Avila, 18 Febrero 1992
(De mi Libro: “Del estilo y las formas”)
(Publ. en www.esdiari.com Nº 672/22.07.07
y en www.avilared.com del 17.08.07)
Delante de vosotros, llanamente declaro
no haber sido arquitecto
innovador de formas o de rimas extrañas,
donde encerrar mi verso.
Admití como buenas las antiguas estrofas,
descubiertas ha tiempo
por los clásicos vates que de ellas usaron
y a su oficio sirvieron,
y no quise meterme en más complicaciones,
ni hacer descubrimientos
de nuevas estructuras, más o menos geniales,
en las que dejar preso,
aherrojado e inmóvil, el saltarín torrente
conductor de mi verbo.
Desde siempre he creído que era más importante,
-y lo sigo creyendo-,
lo que el hombre nos diga, que la forma empleada
para lograr su intento.
Por eso, consecuente con tan firme creencia,
escribo cuando tengo
la sensación rotunda de ser, lo que me bulle
y brinca en el cerebro,
una idea muy clara, que pudiera ser útil
y servir de provecho
a aquel desconocido que se pare a leerme
por entretenimiento,
sin buscar en lo escrito otra cosa distinta
de lo que dicho dejo,
independientemente de la forma o estrofa
con qué se lo presento.
Mi aspiración consiste en escribir muy claro
y decir lo que pienso
en forma comprensible, de manera sencilla,
al estilo del pueblo,
sin pensar en la forma, atento sólo al ritmo
con el que va naciendo
lo que mi mente alumbra, para que volar pueda
donde lo lleve el viento,
sin grillos ni prisiones que atenacen sus alas,
sin trabas y sin frenos.
José María Hercilla Trilla
www.hercilla.blogspot.com
Avila, 18 Febrero 1992
(De mi Libro: “Del estilo y las formas”)
(Publ. en www.esdiari.com Nº 672/22.07.07
y en www.avilared.com del 17.08.07)
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